Hoy, los consumidores demandan productos que combinen disfrute, bienestar, autenticidad y sostenibilidad. Todo esto, sin resignar sabor: para el 85% de las personas el sabor es el factor más influyente en su decisión de compra[1]. Pero la verdadera experiencia surge de la sinergia entre todos los sentidos.
En un mercado tan competitivo, lo que realmente impulsa la aceptación y la recompra son los drivers of liking, es decir, los factores sensoriales que determinan si un consumidor disfruta de un producto y decide volver a elegirlo:
- Sabor global: intensidad, balance y coherencia del perfil.
- Aroma: evocador y alineado con la expectativa del producto.
- Textura y mouthfeel: jugosidad, cremosidad o crocancia que generan confort.
- Apariencia: color, forma y frescura que invitan a probar.
- Postgusto y recuerdo: persistencia positiva y memoria sensorial tras el consumo.
El desafío para las marcas es claro: ofrecer placer y bienestar al mismo tiempo. Esto exige reformular sin perder el atractivo sensorial: menos sodio o azúcar, más proteínas vegetales, más naturalidad, sin comprometer la experiencia.
Y allí está la gran oportunidad: diseñar alimentos y bebidas que sorprendan, emocionen y acompañen estilos de vida más saludables y sostenibles, sin dejar de lado el disfrute. Porque el éxito de un producto se mide, en definitiva, en la huella multisensorial que deja en cada consumidor.

Maximizar la experiencia sensorial y diferenciarse en el mercado
Las empresas más exitosas entienden que no basta con un buen sabor: optimizan de manera integral todos los drivers of liking, logrando:
- Un impacto inmediato en la primera impresión.
- Una persistencia sensorial que eleva el recuerdo de la marca.
- Una diferenciación clara en categorías saturadas y altamente competitivas.
¿Cómo lo logran? Con estas 5 claves
Sabor global: El driver más decisivo para la recompra.
Cómo se mejora: mediante potenciadores que actúan sobre los receptores gustativos, amplificando intensidad, balance y redondez del perfil, incluso en formulaciones con menos sal, grasa o azúcar.
Textura y mouthfeel: El confort en boca convierte un producto en “placentero”.
Cómo se mejora: con ingredientes que refuerzan cuerpo, jugosidad o cremosidad, elevando la percepción de calidad y valor.
Postgusto y recuerdo: Lo que queda después del consumo define si el consumidor vuelve a elegir.
Cómo se mejora: utilizando moléculas que prolongan y enriquecen el postgusto, dejando una memoria sensorial positiva y duradera.
Congruencia multisensorial: La coherencia entre aroma, sabor y textura asegura una experiencia armónica.
Cómo se mejora: con compuestos que alinean los distintos estímulos sensoriales, haciendo que la experiencia “cuente la misma historia” desde el primer bocado hasta el último.
Apariencia: El primer contacto siempre ocurre con la vista.
Cómo se mejora: apelando a colores, tonalidades y acabados visuales que transmiten frescura, naturalidad o indulgencia, aumentando la atracción y la intención de consumo.
Un producto realmente exitoso no es aquel que solo sabe bien, sino el que logra una experiencia redonda: sabor, textura, postgusto, congruencia y apariencia trabajando en conjunto. La ciencia sensorial aplicada permite maximizar el agrado, reducir el riesgo de rechazo y fidelizar al consumidor en un mercado cada vez más exigente.
[1] IFIC Food & Health Survey 2024.